sábado, 11 de julio de 2015

Dulce condena

MARÍA ESTHER GILIO: Si usted estuviera en mi lugar reporteando a Onetti, ¿qué le preguntaría sobre la literatura uruguaya?
JUAN CARLOS ONETTI: Una monstruosidad.
MEG: ¿Y usted que contestaría?
JCO: Que no es elegante hablar de los colegas.
MEG: No me imagino al protagonista de una leyenda negra contestando eso.
JCO: Ahí está el error, no tengo nada que ver con esa leyenda.
MEG: ¿Cómo? ¿Entonces usted no es el laboratorista que toma la gente como conejillo de Indias? ¿Una especie de experimentador sin escrúpulos, un retorcido a quien imputan las peores maldades?
JCO: No, no soy. Ni siquiera soy el alcoholista mujeriego de que habla el capítulo segundo de la leyenda.
MEG: Sin embargo, se casó cuatro veces y desde que llegué se tomó sus buenos tres vasos de vino.
JCO: Solo con vino puedo aguantar los reportajes.
MEG: Gracias.
JCO: En cuanto a mi pasión por experimentar no pasa de la cuota normal. Usted misma me ha querido enfrentar a otro autor nacional para divertirse.
MEG: ¿Le parece comparable? Yo lo he visto reunir ex amantes cada uno con sus nuevos amores para observar sus reacciones. Todo con la expresión más inocente.
JCO: ¿Tengo yo la culpa de ser un maestro? Sé armar bien las cosas, no tengo la culpa de que otros la armen mal. La única diferencia es esa. No soy culpable, señora, no soy. Dios me ha hecho así, sólo me resta cumplir. La leyenda, en lo fundamental: calumnias. Ignorancia, desconocimiento de los hechos. Yo sigo viviendo y la leyenda crece. Cada día soy más malo.
MEG: ¿Usted no cree que la leyenda tiene buen pie en su literatura?
JCO: No, mi literatura es una literatura de bondad. El que no lo ve es un burro.
MEG: ¿Por qué escribe?
JCO: Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi dulce condenación.
MEG: ¿Cómo escribe?
JCO: Estupendamente.
MEG: Conteste con seriedad.
JCO: Sí, señora. No entendí la pregunta.
MEG: Bueno, quiero decir si escribe con un plan que elabora previamente. Si sabe exactamente adónde va a llegar.
JCO: Sé qué va a pasar. No sé cómo va pasar. Si supiera cómo va a pasar no lo escribiría.
MEG: ¿Quiere decir que verdaderamente escribe para usted? ¿Que en una isla desierta escribiría?
JCO: Escribiría.
(“Un monstruo sagrado y su cara de bondad”, La Mañana, Montevideo 20/8/1965)

1 comentario:

  1. Ya se sabe que hoy el mundo ha olvidado la belleza de una entrevista. Salvo raras excepciones. Cuando el entrevistador y el entrevistado se golpean hasta sangrar. Recordar que esto existió es, sacarse un poco la mierda que nos rodea de los ojos.

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