domingo, 2 de enero de 2011

Nuestra historia


Persona de Bergman

La cámara de cine suspira por el rostro humano en el aquel de revelar, en palabras de Dreyer, todos los pensamientos, intenciones, placeres y temores que lo han conmovido. El cine suspira por la transparencia del rostro, por desenmascararlo y contemplar el alma.

Ordet de Dreyer

Como escribió Bresson, lo que ningún ojo humano es capaz de atrapar, ningún lápiz, pincel o pluma es capaz de fijar, la cámara lo atrapa sin saber qué es y lo fija con la escrupulosa indiferencia de una máquina. Por eso Jean Epstein imaginaba la posibilidad de que el cine no fuese un arte, sino otra cosa, pero mejor, porque lo que lo distingue es que a través del cuerpo registra el pensamiento, lo amplifica y aun a veces lo crea donde no estaba. La cámara de cine no se limita a rodar, sino que actúa como un microscopio: ve lo invisible.

Mouchette de Bresson

Kazan lo describía así: penetra, se mete dentro de la gente y se ven los pensamientos más privados y ocultos. Y añadía: He conseguido hacer eso con los actores, he revelado cosas que los propios actores ni siquiera sabían que estaban revelando. Quizá hubiera sido más justo -y menos arrogante- haberlo expresado así: 'he descubierto cosas que ni los actores ni yo sabíamos que estaban revelando'; entre otras cosas porque no podía saberlo -o, por lo menos, estar seguro- hasta que veía la proyección de lo rodado y comprobaba lo que la cámara había revelado. Porque se trata de un descubrimiento imposible de predecir o garantizar. Un milagro.

Una mujer bajo la influencia de Cassavetes

En ese sentido dice Godard que el cine no es ni un arte ni una técnica, es un misterio. Cuenta Scorsese que un colaborador de John Ford se quejaba de las condiciones climáticas cuando rodaban una película en el desierto y no entendía qué podían rodar allí. ¿Que qué podemos rodar? -respondió Ford-. La cosa más interesante y asombrosa del mundo, un rostro humano.

Wagon Master de John Ford

En Vivre sa vie (1962), vemos un primer plano de Anna Karina -Nana, en el filme- y escuchamos la voz del propio Godard que le cuenta de qué trata El retrato oval de Poe del que ha (hemos) escuchado un fragmento poco antes:

Es nuestra historia: un pintor hace el retrato de su mujer.


Tiene razón Godard. Es nuestra historia (del cine). La que más amamos.

-Daniel Domínguez, La escuela de los domingos

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