lunes, 14 de marzo de 2011

El hombre sin cabeza


La reivindicación del escritor Franz Kafka por parte de la República Checa empezó a tomar forma ayer (domingo 13), con la inauguración de una estatua del célebre escritor en una plazoleta de cinco esquinas, en una de las cuales se encuentra la Sinagoga Española, el mayor templo judío de Praga.

El propósito de rendir homenaje a Kafka –el primer reconocimiento importante hecho en su ciudad natal– para dignificar su memoria, tras haber sido relegado y denostado por la cultura checa, surgió en 1990, al crearse la Sociedad Franz Kafka.

Una vez lograda la aprobación de la iniciativa, se consideró que este año era el más apropiado para concretarla, por haberse cumplido, el 3 de julio último, el 120º aniversario del nacimiento del escritor, muerto en Austria en 1924.

Kafka fue reducido a una mínima consideración durante mucho tiempo en la República Checa, lo que se tradujo en la ausencia de editores interesados en publicar sus obras, pese a la creciente difusión en otros países gracias a que su amigo Max Brod se negó a incinerarlas, como el escritor le había pedido antes de morir.

La actitud de minimizarlo se debió a la preferencia de Kafka por el idioma alemán, en lugar de usar su propia lengua.

La infancia y la adolescencia de Kafka –nacido en el seno de una modesta familia judía– transcurrieron en una época en que la cultura germana tenía una extendida presencia en su país, a tal punto que se consideraba el uso del idioma checo como algo propio de las clases bajas.

Esa actitud, que le depararía una posición cada vez más nacionalista en su contra y que se trasladó de algunos grupos intelectuales al resto de la población, fue infundida en la familia por un padre dominante, cuya fuerte influencia volcó en un libro entre confesional y catártico, Carta al padre, de 1918.

El monumento en bronce mide 3,75 metros y pesa 700 kilos; es obra del escultor Jaroslav Róna, seleccionado por concurso entre siete artistas plásticos. La estatua luce desde la tarde de ayer en la esquina de las calles Dusni y Vezenska, en Praga 1.

–Willy G. Bouillon, La Nación

3 comentarios:

  1. Gracias, Max!, pudiste habernos librado de unas cuántas sensaciones de pesar, espanto, miseria, impotencia....pero no, ahí tenías que estar para negarle la última voluntad a tu "amigo", qué irrespetuosidad a la muerte, qué omnipotencia democrática la tuya, eh?
    Y bue....por lo menos así la gente visita Praga. Dicen que es preciosa. Lamentablemente una es pobre y las líneas aéreas, ya sabemos, son de una avaricia ilimitada.

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  2. Por eso mismo yo no dejaré que publiquen mis geniales novelas después de que me muera. No las escribo y tá.

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  3. ¨Circula una opinión según la cual el miedo al matrimonio proviene a veces de que uno teme que los hijos le hagan pagar más tarde los pecados que uno mismo ha cometido con sus padres. No creo que, en mi caso, esto tenga gran importancia, porque mi conciencia de culpa viene propiamente de ti mismo y está demasiado impregnada de su propia singularidad; este sentimiento de singularidad forma parte de su torturadora esencia y es inimaginable que pueda repetirse. Debo decir que un hijo como yo, mudo, insensible, seco, derrumbado, me sería insoportable; puede que, de no existir otra posibilidad, huyese de él, emigrase como querías hacerlo tú en el primer momento, a causa de mi matrimonio. Puede que esto influyera en mi incapacidad para el matrimonio.
    Pero es mucho más importante el temor por mí mismo. Hay que entenderlo así: con mi actividad literaria y todo lo que ésta lleva consigo, he efectuado pequeñas tentativas de independizarme, de evadirme, con un éxito casi nulo.....No obstante, es mi deber, o mejor, la razón de mi vida, velar por tales tentativas...¨

    Franz Kafka. Carta al padre. Editorial Lumen. 1974. Traducción de Feliu Formosa.

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