viernes, 25 de marzo de 2011

País productivo

Una anécdota de ayer. Me encuentro con “El Rubio” –un tipo joven y emprendedor, talentoso en lo suyo y, sobre todo, honesto laburante– que me cuenta, algo apesadumbrado, un incidente que padeció recientemente.

Hace unos años “El Rubio” abrió con unos amigos una empresa que brinda servicios de posproducción audiovisual. Nada ostentoso. Una oficina, unas computadoras y mucha imaginación. Como trabaja bien, ha logrado hacerse un nombre en el minúsculo ambiente de las productoras asociadas a los canales de televisión.

Una de ellas, a la que llamaremos Kagadora, le pidió a principios de año un boceto para una serie de micros. La serie sería emitida por uno de los tres canales privados, con el cual Kagadora está íntimamente relacionada, no sólo por vínculos contractuales sino también familiares. “El Rubio” les mandó unas ideas y el presupuesto correspondiente.

Pasó un par de meses sin novedades. Unas semanas atrás, “El Rubio” se encuentra en la pantalla de su televisor con algunos de los micros, literalmente tomados de aquellas ideas que había enviado meses atrás. Llama a Kagadora, habla con la persona que le había pedido el presupuesto y se da aproximadamente el siguiente diálogo:

EL RUBIO: Oíme, ¿qué pasó? Acabo de ver que hicieron los micros...

KAGADORA: Ah, sí, ¿viste?

EL RUBIO: ¿Me estás jodiendo? ¡Son iguales a los que yo te pasé!

KAGADORA: No. Iguales iguales, no.

EL RUBIO: ¿Cómo que no? Ahí está el texto, el croma, los locutores, la música… ¡Hasta la duración es la misma!

KAGADORA: …

EL RUBIO: ¡Holá!... ¿Tás ahí?

KAGADORA: Sí.

EL RUBIO: ¿Y no me vas a explicar nada?

KAGADORA: Mirá, la posta es… Bueno, que nos gustó la idea que nos mandaste pero no teníamos el presupuesto que pedías. Así que tratamos de hacerla con la gente del Canal lo más diferente posible…

EL RUBIO: Pero… ¡les salió para el ojete hacerla diferente! ¡La hicieron igualita!

KAGADORA: … y creo que nos hemos portado bien con vos. Así que estamos a mano, ¿no te parece?

EL RUBIO: …

KAGADORA: ¿Holá?

EL RUBIO: No puedo creer que me digas eso. ¿A mano de qué? ¿Qué favor me hicieron ustedes?

KAGADORA: ¡Que te hemos dado trabajo! ¡Y que has ingresado al Canal gracias a nosotros!

EL RUBIO: Pará un poquito. Eso no es dar una mano. Ustedes me han pedido cosas, yo se las hice bien, y como se las hice bien me han pedido más. Y no los mato con los costos.

KAGADORA: Vos lo dijiste: te hemos pedido más.

EL RUBIO: Sí, claro, pero es un trato comercial, profesional, que nos sirve a las dos partes. ¡No es dar una mano!

KAGADORA: Bueno, esta vez no pudo ser, la próxima tal vez sí. Y ahora disculpame que se me enfría el café con leche. Chau, chau.

“El Rubio” está pensando qué hacer. Consultó el caso con un abogado. Tal vez entable un juicio, pero sabe que si hace eso no podrá volver a entrar al Canal ni camuflado de maceta. Y, por transitiva, o por la omertá común a esos monopolios ancestrales, sea el gobierno que sea, tampoco encontrará trabajo en los demás Canales.

Lo más probable es que se trague la calentura y, en próximas ocasiones, sea más sinuoso, más precavido, más desconfiado, más cínico, más ventajero. Entonces el Uruguay habrá ganado a otro de sus especímenes típicos.

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